jueves, 15 de marzo de 2012

El origen de "La Nueva U"

Texto extraído de setecayoelcarnet.com

Muchas historias tristes se han borrado con copas. Y bien lo sabe cualquier hincha futbolero sufrido y aficionado al trago. Sin embargo, la U podría ganar tres mundiales de clubes consecutivos y ni así sus forofos olvidarán el principio de su romance con el color azul.

O al menos los que hoy van entrando a la tercera década de sus vidas.

Ese amor nació en el potrero. Literalmente, Universidad de Chile jugó en Segunda división en 1989, luego de que -con Manuel Pellegrini como entrenador- descendiera del fútbol de honor. Ese año fueron campeones de la B y volvieron a Primera. Pero no dejaron de sufrir. De esa U se enamoraron los que hoy se abrazan. De la U Pre-Marcelo Salas, si se quiere.

Cada año esperaban dar el golpe, sin suerte. El 90 fue sin pena ni gloria, el 91 casi descienden de nuevo. Y el 92 apareció el arquero Sergio Bernabé Vargas. Llegó diciendo que serían campeones a una hinchada que creía poco, después de las malas experiencias de otros argentinos como Héctor Giorgetti y Nicolás Villamil.

En la Copa Chile del 92, los azules empataron 3-3 ante Colo Colo, que venía de ser campeón de la Libertadores siete meses antes. Y los fanáticos dicen que ahí cambió la cosa. Que haber estado a punto de ganar cambió la mentalidad de los tiempos más difíciles.

René Orozco, nefrólogo del JJ Aguirre, había tomado las riendas de una institución de capa caída durante la dictadura militar. Y le dio nuevos bríos: por primera vez, una camiseta de la U se comercializó en forma masiva. Y qué camiseta era: marca Avia, con propaganda de Chilectra–el doctor Orozco rechazaba las bebidas alcohólicas- y la misma tonalidad oscura con la que se vistió al Ballet Azul, en los ya lejanos años 60.

Vargas pasó a ser el Superman Vargas, uno de los mejores atajadores de la historia del fútbol chileno y quien le contuvo dos veces un tiro penal a Claudio Borghi, que jugaba en Colo Colo. El ‘Bichi’ pateó de “rabona” –con el empeine, pero pasando el pie derecho por detrás de la pierna izquierda- y el Superman atajó. Ariel Seferino Beltramo se convirtió en el Ariel de los goles: anotó 40 en dos años. Y Eduardo ‘Gino’ Cofré se ganó a la hinchada con sus dos anotaciones ante los mismos albos, en un clásico de julio del 92.

A esa U todavía le faltaba el golpe. De hecho, el 93 se quedaron sin clasificar a la Copa Libertadores en el último suspiro, cuando Hugo Rubio les convirtió un gol de tijera que a Colo Colo no le servía, pero que obligaba a la U a jugar un partido extra, que terminó perdiendo. Había antorchas en el Estadio Nacional celebrando el regreso a la escena internacional. Todo se volvía a derrumbar.

A mediados de ese año comenzaría el consuelo. Marcelo Salas debutaría ante Colchagua en la Copa Chile. Comenzaba a sonar el “Matador” de Los Fabulosos Cadillacs en las radios y “Pepe” Hormazábal le regaló el apodo al temuquense que se demoró veinte meses en devolver a la U a la gloria, con el título nacional de 1994.

Era “La Nueva U”.

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